, mayo 23, 2024

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La carrera de HUGO SÁNCHEZ, el mejor futbolista de México (1976-1998)


  •   13 minutos
La carrera de HUGO SÁNCHEZ, el mejor futbolista de México (1976-1998)

En 1958 nacieron más de 1 millón 600 mil personas en México. Pero la capital recibía a uno de los más grandes prodigios del futbol, no sólo mexicano, sino mundial.

Hugo Sánchez Márquez nacía para, años después, dar cátedra futbolística en las canchas del mundo.

¡Mira toda su historia!

En 1969, con 11 años, logró acceder a las fuerzas básicas de la UNAM, donde daría sus primeros pasos como futbolista profesional.

Antes de su debut en la Primera División, el Niño de Oro ganó el Mundial Juvenil Amateur Sub-20 con la Selección Mexicana, además de la medalla de oro en los Panamericanos de 1975. Sus inicios marcaban fuerte lo que sería un futuro ganador.

El debut

Jorge Marik fue el técinico encargado de mandarlo por primera vez a los campos de nuestro futbol. Era el 23 de octubre de 1976 cuando Sánchez entraba a la cancha y ganaba su primer partido, 1-0 ante los Tigres.

Tuvieron que pasar poco más de 5 meses para que el delantero hiciera su primera anotación, con un tremendo tiro libre ante el América, en el ya una vez mundialista Estadio Azteca. Curiosamente ese día no sería así, pero Hugo pronto acostumbraría a celebrar con una o dos volteretas, además los dos puños en alto, festejo heredado de su hermana Hilda.

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Los Pumas ganaban el primer título de su historia en la 76-77, con siete goles de Sánchez Márquez. Para el tercer campeonato de su carrera, el jugador con el número 11 en la espalda ya era titular indiscutible y ganaba el título de goleo con 26 goles, mismos que Cabinho, su compañero de equipo.

La Selección

En 1977 fue convocado por primera vez a la Selección definitiva, debutando el 27 de septiembre ante Estados Unidos. El 9 de octubre hizo su primer gol ante Haití, en el marco de las eliminatorias al mundial de Argentina 1978.

En tierras pamperas, México hizo uno de los ridículos más importantes de nuestra historia futbolera, perdiendo contundentemente los tres partidos de primera fase, a pesar de tener un equipo que en el inconsciente colectivo “le ganaba a Túnez, empataba a Polonia y que Alemania no nos ganara por goleada”.

Hugol era parte de aquella decepcionante escuadra y empezaba a labrar su oscuro camino en Selección Mayor, donde nunca alcanzó el éxito que sí logró en clubes. 

En aquellos años los futbolistas tenían un poco más de facilidades para ir a jugar a Estados Unidos durante los parones de la Liga Mexicana, lo que hizo que Hugo participara con el San Diego Sockers, de la desaparecida National American Soccer League. Con el equipo californiano, jugó 32 partidos y anotó en 26 ocasiones, durante los veranos de 1979 y 1980.

En el 79 inició una de sus grandes rivalidades. En un partido de temporada regular anotó un golazo de tijera al entonces portero Ricardo la Volpe. Este declaró que, en su vida, Hugo le volvería a marcar de la misma manera. Seis meses después, el 9 repitió la dosis con la misma acrobacia. “Mis goles lo hicieron famoso”, decía Sánchez sobre el argentino.

En el 80 ganó con los Pumas la Copa de Campeones de la Concacaf y la Interamericana contra el Nacional de Uruguay.

En 1981 se despedía para siempre del equipo universitario, al menos como jugador. Anotaba un gol en la final que a la postre ganarían ante Cruz Azul, con lo que obtenía su segundo título de liga.

En su historia felina, festejó 104 goles en 200 partidos nacionales e internacionales. Es el cuarto máximo anotador de la institución.

Atlético de Madrid

En el verano de 1981 fue traspasado al Atlético de Madrid, convirtiéndose en la primera exportación de la UNAM.

Sus primeros meses en Europa fueron duros para el delantero mexicano. Aficionados y prensa le veían con desprecio, era atacado con gritos de Indio y, para colmo, el entrenador que lo llevó al equipo, José Luis García Traid, fue cesado. El nuevo director técnico no lo conocía e intentó sacarle provecho en la banda izquierda, estrategia que obviamente no tuvo resultados.

Hugol siempre se caracterizó por una férrea mentalidad, formidable compromiso con sus objetivos de éxito personal y colectivo, además de nunca bajar la cabeza ante las adversidades o las decisiones equivocadas.

Después de 11 jornadas con malos resultados, el nuevo técnico fue despedido y trajeron de vuelta a García Traid. Este le volvió a dar la confianza a Sánchez, habilitándolo nuevamente como centro delantero.

El maestro de los remates imposibles inició su ascenso. En su primera temporada anotó 12 goles, entre liga y Copa del Rey.

Hugo se convirtió en ídolo de la grada rojiblanca. Gol tras gol, marometa tras maromenta, el mexicano alcanzó un gran nivel de la mano del histórico técnico Luis Aragonés.

En el plano internacional de selecciones, el mexicano tuvo que convivir con un pésimo paso del representativo. Después del mundial de Argentina sólo jugó algunos partidos amistosos y quedó en tercer lugar en el Campeonato de la Concacaf en 1981. Además, México no calificaría para España 82, por lo que el sueño del segundo mundial tenía que posponerse.

Fue en la temporada 84-85 donde hizo 19 goles en Liga y consiguió su primer Pichichi, que le consagraba como el máximo goleador del torneo español. Además, consiguió el título en la Copa del Rey, anotando dos goles en la final ante el Athletic de Bilbao.

Con el Atlético de Madrid jugó 4 temporadas, participando en 152 encuentros oficiales y marcando 82 goles.

Real Madrid

Pero Hugo Sánchez no había satisfecho su hambre de gloria, de reconocimiento. Él siempre quiso ser el mejor. Y ese verano empujó su futuro al lugar donde sólo los grandes podían jugar al futbol: el Real Madrid.

El entonces presidente del Atleti, Vicente Calderón, sabía que su equipo necesitaba dinero y que debía vender al mexicano, ya que terminaba contrato en un año y amenazaba con irse gratis. Pero también sabía que no podía venderlo al eterno rival sin ser acabado por su afición.

Es por eso que se dio un movimiento que hoy en día sería absurdo: Hugo fue vendido de vuelta a los Pumas por 200 millones de pesetas españolas. Una semana después, sería adquirido por el Real Madrid por 250 millones, aproximadamente un millón y medio de dólares de aquella época, que ajustado a la inflación, le darían un valor de 3.6 millones de dólares en 2020. Tenía 23 años.

El 1 de septiembre de 1985 debutaba de visita ante el Betis, marcando su primer gol con el Real Madrid. Era el inicio de una época dorada.

Al lado de figuras como Butragueño, Míchel, Sanchís, Pardeza y Martín Vázquez, el Macho llegó a imponer una seguidilla impresionante de campeonatos, cientos de goles y récords que se mantuvieron de pie durante décadas.

En su primera temporada, marcó goles importantes en rondas de eliminación directa de la Copa de Europa, con lo que ganó su único torneo internacional con los blancos. Además, conseguía su segundo Pichichi consecutivo, primero con el Real, anotando 22 goles.

Con la Selección Mexicana, Hugo tenía muy poca participación. En los 80 no existían fechas FIFA y era muy complicado que los jugadores en el extranjero jugaran partidos amistosos, por lo que la mayoría de sus presentaciones sólo se hacían en encuentros oficiales.

A pesar de ello, para el verano de 1986 Hugo ya era una figura indiscutible del futbol mundial, con lo que su participación en el torneo era indiscutible. Fue en el Azteca donde anotó su único gol en fase final de mundiales. Tuvo la oportunidad de anotar otro, pero falló un penal ante Paraguay.

La selección era eliminada en cuartos de final en su mundial. Hugo Sánchez en el momento más importante de su carrera no podría demostrar su juego con el Tri. México fue descalificado del mundial de Italia 90 debido a los cachirules, por lo que ni siquiera participó en las eliminatorias. Hugo se pondría la verde otra vez hasta 1993.

De regreso a Madrid, el delantero explotó y dejó huella eterna.

Su mejor gol lo anotó en la temporada 87-88. Fue en un partido liguero ante el Logroñés. Después de un tiro de esquina mal logrado y de un centro tendido y un poco pasado, el hijo pródigo se elevaba de espaldas, como tantas veces lo hizo, y remataba de chilena, con la zurda más educada de la historia del futbol mexicano. Señor Gol, como se lee al revés el nombre de su víctima.

Dicen que el público del Real Madrid en el Santiago Bernabéu es de los más sabios del mundo. Gente que entiende profundamente de futbol. Afición que sólo saca el pañuelo blanco cuando alguien lo merece. Y ese día, hubo dos minutos de pañolada, acompañada de aplausos y gritos de Torero, Torero. Honor a quien honor merece.

El equipo ganó 5 ligas consecutivas, desde 1986 hasta 1990, además de tres Super Copas de España y una copa del Rey en 1989.

Individualmente, el Manito, como le conocían en el país Ibérico, pisó fuerte. Volvió a ganar el Pichichi en el 86, 87 y 88 con 22, 34 y 29 goles respectivamente. En 1989, aunque marcó 27 veces, fue superado por el brasileño Baltazar, que anotó 35.

Esto no hizo más que motivar al azteca, que en la temporada 89-90 igualaba el récord histórico de la liga española: 38 goles en una sola temporada (un hito que sería superado hasta 20 años después por Cristiano Ronaldo y después aniquilado por Lionel Messi). Esta impresionante cifra también lo hacía acreedor a la Bota de Oro, premio al mejor goleador de Europa.

Y si el récord por su cuenta ya era maravilloso, el dato más relevante es que TODOS los goles fueron de primer toque. Nada de recibir, darse la vuelta y rematar. No. Los 38 fueron de primera intención. Impresionante.

La Copa de Campeones de Europa siempre se le negó a Hugo Sánchez. Coincidió con una sequía de más de 30 años entre la sexta y la séptima copa del Madrid. De la 86-87 a la 88-89, el equipo madrileño fue eliminado en semifinales, incluida una humillante goleada 5-0 ante el Milán de Rijkaard, Gullit y Van Basten.

El gran autoestima de Hugo era (y es) odiado por muchos. Él entendía que a la mayoría de la gente le gusta los jugadores humildes, que dan gracias a Dios y que no ponen primero el plano individual. Lo entendía, pero no le interesaba. Él quería ser el mejor. Siempre.

Esto le causó decenas de problemas durante su carrera. Ya encumbrado como un ídolo blanco, amenazó con irse del equipo al notar que la prensa y la directiva no le apreciaban tanto como a Butragueño.

Entre 1991 y 1992 tuvo una serie de lesiones. Aunque parecían ser leves, su recuperación era lenta y levantaba suspicacias entre sus compañeros de equipo y los doctores del Real Madrid. “Parece que esta vez sí va en serio”, decían irónicamente con la tercera, una que parecía rotura de ligamentos de la rodilla.

El contrato de Sánchez terminaba ese junio y el idilio llegaba a su fin. Una amarga relación con el nuevo entrenador, Leo Benhaakker, además de su negativa a ser convocado a un partido, llevaron a la ruptura final y a su salida del equipo en donde se encumbró.

Con el Real Madrid participó en 283 partidos oficiales y anotó 208 goles. En ese momento era el cuarto mejor anotador de la historia del equipo, aunque después fue superado por Benzemá, Raúl González y Cristiano Ronaldo.

De paso en América

Once años después de emigrar, Hugol regresaba a México para disputar la temporada 92-93. El club América intentaba volver a las glorias ochenteras y repatriaba al ídolo mexicano, sin importar su pasado Puma.

Hugo no brilló, pero tampoco decepcionó. En liga llegó a semifinales, donde fueron derrotados por Monterrey. Alzó el título de la CONCACAF, anotando el gol definitivo en la final contra el Alajuelense. Con el América jugó 35 partidos y marcó en 18 ocasiones.

En el verano del 93 participó en el que sería su mejor recuerdo con la Selección, la Copa América de Ecuador. Hugo Sánchez sería el capitán del seleccionado.

En fase de grupos el equipo apenas rescató dos empates y con dos puntos pasó a la siguiente ronda, donde desplegaría su mejor futbol. Lo mejor del delantero fue el madruguete a Argentina, que significó el parcial 1-0.

En cuartos de final, Hugo colaboró en la jugada en la que derribaron a Ramírez Perales y que fue convertida en gol por García Aspe desde el punto penal, además de ceder a Zague, que asistió a Patiño en el cuarto gol.

Sánchez quería demostrar que era el líder que un día jugó en el máximo nivel mundial. En semifinales contra el anfitrión, Hugol remató un balón sin portero, pero mal colocado y el defensa alcanzó a desviar. Su único gol del torneo llegó minutos más tarde, cuando el balón botó dentro del área después de un tiro de esquina. Remató seco y festejó el que sería su último gol con la Selección Mexicana.

El Tricolor dio su mejor partido en la final contra Argentina, pero el marcador de 2-1 nos regresaba a casa con la medalla de plata.

De vuelta a España

El delantero buscaba un nuevo reto y, a pesar de sus 35 años y las recientes lesiones, el Rayo Vallecano le daba su última oportunidad en la capital española. Dejó México por segunda vez y fue a jugar la 93-94 al tercer equipo de Madrid.

Allá no peleó por el Pichichi, pero intentó ayudar al equipo en la lucha por no descender. Con 16 goles logró evitar la caída directa, pero no definitiva.

El Rayo tuvo que jugar la promoción ante un casi desconocido Compostela. El primer partido erró un penalti decisivo y en el segundo no lograron desequilibrar la balanza, por lo que se tuvo que jugar un último partido de desempate. Hugo Sánchez se despedía como Zidane en 2006: expulsado por violencia.

En una jugada sin sentido en la media cancha, Hugo planchaba a un rival y dejaba a su equipo en la lona. Vallecas se quedaba sin futbol de primera división y despedía entre abucheos al ídolo, que, mientras trotaba para salir de la cancha, se acomodaba el cabello. Fiel a su esencia.

Con el Rayo Vallecano jugó 35 partidos y anotó 17 goles entre liga y copa.

Para el mundial de 1994, México tenía mucha fe de hacer historia. Con la misma base que en Copa América, Miguel Mejía Barón comandaba a una escuadra lista para brillar.

Hugo ha platicado que ya no quería participar de la justa, pero el Doctor Mejía Barón le convenció para ir. Sánchez comenzaba como titular, pero un joven Luis García le arrebató el puesto con dos goles ante Irlanda.

En el partido definitivo contra Bulgaria, México sólo alcanzaba el empate con gol de García Aspe. El tiempo corría y la media mexicana se iba desgastando durante los tiempos extra. El técnico llamaba a Hugo para darle indicaciones, pero no entraba a la cancha.

Después se supo que el técnico quería colocar a Hugo en el medio campo, posición que el delantero sabía que no podría sostener. Para los penales tampoco fue requerido, ya que el Doctor recordaba aquel tiro fallado en el lejano 86 ante Paraguaya, además del reciente yerro con Rayo Vallecano. Sabía que Hugo no tenía confianza desde los once pasos.

México fue eliminado en penales y el dicho popular “No te quedes con los cambios como Mejía Barón” se hizo eterno.

Atlante

De regreso a México, fue contratado por el Atlante de Ricardo La Volpe. El argentino sería claro, años después, de que él no pidió al jugador para su equipo. “Fue un buen delantero, pero ya no es lo mismo que cuando estaba en el Real Madrid”, declaraba.

Esto, sumado a su antigua rivalidad, provocó que sólo estuviera en el equipo durante un año. A pesar ello, logró varias anotaciones, incluido un doblete al América, que curiosamente era dirigido por el técnico que incitó su salida del Real Madrid: Leo Benhaakker.

En Atlante jugó 31 partidos y marcó 13 goles.

Linz

Con 37 años, Hugo tomaba el último vuelo a Europa. Regresaba, esta vez a la primera división de Austria a un desconocido Linz. Ayudó al equipo con 6 goles en 20 partidos.

Alternaba entonces su participación con el Dallas Burn, de la nueva MLS en Estados Unidos. Con el equipo gringo, Hugo Sánchez anotó 25 partidos y marcó 11 goles.

Se acababa la juventud y con ello la magia futbolera. Poco a poco el delantero centro perdía su velocidad, su visión y su remate de primera. Pero nunca la mentalidad ganadora.

Celaya

Su sueño siempre fue retirarse en Pumas, pero la directiva jamás le dio la oportunidad. Sin embargo el antiguo Celaya lo trajo de vuelta a nuestro país, ahora sí por última ocasión.

Disputó sólo un torneo, el verano 97. Ahí concidió con sus viejos amigos del Real Madrid, Butragueño y Míchel. El equipo no trascendió, pero Hugo nos regaló sus últimos dos goles como profesional.

Con el Atlético Celaya jugó 12 partidos y marcó 2 anotaciones.

La última del niño de oro

Sánchez Márquez estaba listo para retirarse. Primero en 1997 el Madrid le organizó un amistoso contra el PSG de Francia, en el Santiago Bernabéu. Anotó tres goles, fácil, como en sus mejores tiempos.

Él, con toda su leyenda en la espalda, solicitaba disputar un minuto en el mundial de Francia 98, a manera de despedida. Pero los directivos mexicanos se lo negaron y le ofrecieron un amistoso, ante Paraguay en el Azteca.

Hugo llegó 35 minutos tarde al estadio como una queja por el mal trato a su figura. Fue titular y dio el saque inicial. Le devolvieron el balón, lo tomó con las manos y besó a su mejor amigo, el balón de futbol que metió a la portería 517 veces en 886 partidos.

Hugo Sánchez Márquez, el futbolista que demostró que la humildad es para el que la necesita. El deportista más importante de México, que rompió las fronteras y que convirtió los gritos racistas y xenofóbicos en una pañolada blanca en el Santiago Bernabéu. Hugo Sánchez, una leyenda del futbol mexicano.

¿Qué opinas de la carrera de Hugo Sánchez? ¿Crees que su raquítico paso por la selección opaca de algún modo sus magníficos logros en clubes? Déjamelo saber en tus comentarios.

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